Zuhé

Jun 3, 2005 | Anécdotas

«Dedicado a los padres de hijos con Síndrome de Espectro Autista»

¿Cómo explicarlo? No sabría decirlo, sólo sé que un día, Zuhé amaneció moldeando rítmicamente un trozo de plastilina, a la vez que mordía su preciado acompañante: un ganchito plástico de ropa con el cual se aferraba cual especie de cría silvestre, nacida de sí mismo. Radiante contemplaba todo a su alrededor, como si se encontrase solo ante el génesis, ante el inicio del Todo. Sus dedos se movían impresionantemente rápido. Apasionado por comunicarse con todos los elementos y toda materia, llevaba a su boca cuanto objeto llegaba ante sí. De esta manera intercambiaba su energía con toda la del espacio, sus seres y espectros. De manera ritual, movía sus brasitos para hablar de su propia alegría, lo hacía como quien desea emprender vuelo, tomando en sus manos algún pedazo de algo, hojas, agua o tierra. El viento, le invadía soplando su cuerpo y todo él se transformaba de pura emoción, se rendía al contacto corporal, reía, movía sus invisibles alas, y no paraba de comunicarse con el cosmos. Hoy día, tres años y medio pasados, todo sigue igual, con grandes e impresionantes avances pero, fundamentalmente igual de apasionado y expresivo con el Todo. Su felicidad ante el estar vivo, lo hace absolutamente hermoso y total. Kaufman, Autor del libro «Stand up, son», comienza su obra así:

«Sus manitas sostienen el plato delicadamente, sus ojos examinan el contorno liso y sus labios se curvan con deleite, … El plato se mueve hipnóticamente sobre su borde… El cuerpo del niño delata un movimiento apenas perceptible, similar al del plato. Por un momento él y su creación giratoria son uno. Se sumerge en ese jardín de sueños que es él mismo… Raun Kahlil, un hombrecito al borde del universo.»

Así fuimos descubriendo experiencias diferentes ante Zuhé. Su rostro brillaba contra el mío, fijamente abstraido, fugaz, escapando a la permanencia de la razón, prefería viajar, asumir su vuelo propio. Un laberinto en su mano, se abría hacia nosotros, ciegos viajeros de Eli. Neuronas apagaban sus luces y otras despertaban eléctricamente, invitando a algún shock de sensaciones visuales y táctiles constantes. Exámenes fueron necesarios, en la clínica su cabeza llena de aterradores cables, leían su cerebro, el área de Broca donde parecía haber algunos puentes y caminos encontrados sin posible vía o señal. A veces, algunos actos asomaban violencia y pequeños roces y uñas contra sí mismo. Su habitat y su líquido para pensar en su casita de funcionamiento era la incógnita. La ciencia no sabe la exactitud al respecto. Entonces, fue allí, cuando un terrible miedo recorría cada parte de nosotros, Yany, la dueña de su nave-placenta universal donde vino en partículas celestes a elegirnos, estaba tan extrañada y perdida en lo desconocido como yo, me sentía tan absurdo e inválido ante ello. La pasión de Eli ante el Todo me confundía ante sus crisis, todo él cambiaba y su inolvidable risa se extraviaba en algún canal sin ruta. Los médicos dijeron: «su autismo es leve, deben actuar».

Con el tiempo, entendimos que a veces se creaban en su cerebro, pequeñas batallas inexplicables ante lo cual debíamos actuar respetuosa y sabiamente, para detener los bombardeos y neutralizarlos de alguna forma, para luego lanzar proyectiles-mieles de afecto, envueltos en percepciones entendibles para él. Así fue como sucedía, así encontramos parte del laberinto con un mapa anexo. Cambió así su dieta, médicos y tratamientos. Eli mejoraba demasiado. Su lenguaje, el mismo que había tendido a la regresión, empezó ahora a aparecer lentamente y sin miedo. Las vocales se asomaban y las palabras a su manera, se formaban en su boca. Cada día aparecía un nuevo libro, más datos de internet y Zuhé rodeado de soles, se balanceaba en espiral y hacia el centro, lanzando llamaradas de puro magnetismo silencioso. En él, los «movimientos estereotipados y rituales» como los nombran los especialistas fueron cesando un poco, pero su felicidad siempre permanecía aferrada a él mismo, como venida o conectada a su cordón umbilical de origen.

Le ofrezco lo mejor de la floresta y este espacio donde jugar. Simplemente a Eli no le interesaba demasiado la normalidad de nuestro mundo, ni la OEA, ni las guerras del pacífico ni las del desierto, ni la historia ni la abstracta economía del mundo. A veces, quiero que mi hijo me lleve consigo a vagar sus preciados mundos, sus jardines y extraños seres con quienes se comunica tan radiante. Pensé en Nell, aquella apasionante película donde una mujer silvestre creaba su propio idioma y simbología.

Hoy día, Zuhé va al preescolar y es esencialmente amoroso, está lleno de vivos volcanes, sensaciones permanentes, llanuras risueñas y abundantes flores. Juega con algunos niños por cortos momentos y aprende tantas cosas. Canta algunas canciones infantiles y lleva su propio ritmo, el cual compartimos. Yany, sabe qué hacer siempre, es su mejor co-piloto de la vida, la dueña de la eterna placenta.

¿Cómo no agradecer al universo y a la vida que Eli, llegara a nuestra cabina terrestre, a nosotros, tan hermosamente vivo y radiante?

NOTA: Zuhé, niño con rasgos de Síndrome de Espectro Autista o con cierta inclinación al autismo, casi llega a sus cuatro añitos. Tiene un hermoso hermano, JOSHUA, de casi un año, creo va a ser su mejor acompañante de vida y quizás, hagan el mejor equipo de viaje. Su batalladora madre, una gran educadora, canta junto a él a su manera. Cuando esto sucede, toda la vida renace, Eli florece y su cerebro o casita de funcionamiento, se colorea como un rodante caracol que rueda destellante hacia el mañana. Su hermanito no deja de verlo correr y reír, creo van a estar muy juntos. Yo apenas soy un poeta dedicado al Arte. Agradezco al cosmos estar al lado de Zuhé.

Ender Rodríguez
isrodriguez44@hotmail.com
ONG BARIQUÍA – VENEZUELA